¡Ostras, Pedrín! / El intrépido aventurero español

¡Horror, ya está aquí! Roberto_Alcázar#0_00_transp

     Políticamente de lo más incorrecto, artísticamente inexistente, absolutamente misógino, perfecto símbolo de lo peor de la casposa España de la dictadura… Roberto Alcázar!!! (¡y Pedrín!).

      Existen ya muchos textos que se encargan de demostrar los mil y un defectos de esta colección, tanto en su aspecto artístico como en el que podríamos llamar social. Yo no voy a insistir en ellos ni tratar de discutirlos, aunque tengo argumentos suficientes para emprender cualquiera de los dos caminos, simplemente volveré a hacer un esfuerzo para intentar comprender qué es lo que supo ofrecer a tantas generaciones de españoles para conseguir mantenerse en los quioscos desde 1940 hasta 1976, con varias reediciones posteriores.

    Para ello retomaré el comienzo de la serie, cuando Roberto Alcázar, entonces un periodista español en viaje marítimo hacia Argentina para hacerse cargo de  una herencia, conoce a Pedrín Fernández, un golfillo de unos catorce años a quien han descubierto a bordo del barco viajando de polizón. A las preguntas de los oficiales, el pillastre responde que embarcó en Lisboa, lo que hace suponer que es portugués, dato que no se confirma nunca, ya que a lo largo de la serie siempre se menciona a nuestros héroes como "los valientes españoles" o términos semejantes. Roberto se hará cargo del joven, y ya nunca se separarán, para disfrute de los lectores y sospecha de los malpensados.

     Así empezaba todo:

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     La trama de este primer número es realmente floja. El dibujo, menos que mediocre. Los personajes, estereotipados, simples y sin carácter definido. No hay un enemigo con garra… Habrá que seguir buscando en otro lugar el secreto del éxito.

      Al principio, la colección se componía de cuadernillos de veinte páginas, cuatro de cubierta más un cuerpo interior de dieciséis páginas plegado en cabeza de un modo característico de la Editorial Valenciana que obligaba a grapar los cuadernos por el frente en lugar de hacerlo por el lomo, con lo que el ejemplar llegaba al quiosco "sin abrir", con las hojas unidas por el corte superior, por eso, muchos de los tebeos que se encuentran en el mercado de segunda mano tienen dañado ese borde.

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        La portada, como era habitual en la época estaba ilustrada a todo color con una o, más habitualmente, varias escenas de las más truculentas del episodio correspondiente, dibujadas con más cariño que el interior y realmente atractivas. Algunas de aquellas portadas llegaron a tener mucha fuerza, al menos a mí me gustaban mucho. Preparando estos textos he vuelto a dejarme acariciar por el ingenuo encanto aventurero y la mezcla de todos los tópicos y lugares comunes de la ficción de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. 

     He de confesar que siento debilidad por Roberto Alcázar y Pedrín. Dejando aparte la nostalgia y sus trampas, disfruto con las bizarras aventuras de esta insólita pareja de "detectives españoles" siempre dispuestos a luchar en defensa de lo más rancio del establishment, en las que no existe el menor atisbo de morbo sexual (las mujeres de Vañó son de las más sosas del tebeo español, y si los personajes femeninos de Roberto Alcázar merecen algún interés es de tipo sociológico, rara vez es a causa de sus atractivos estéticos).

     Pasados unos años, la colección alcanzó una etapa que podríamos llamar "clásica", en la que los guiones estaban más cuidados y el dibujo, sin dejar de ser simple y primitivo, conseguía un nivel adecuado para la narración e incluso, a mi modo de ver, alcanzaba una cierta belleza primitiva. En ese momento los cuadernos habían pasado a tener sólo doce páginas, diez interiores con la historia ocupando incluso las contraportadas, manteniendo la apertura a todo color, con un dibujo más ágil y realmente eficaz. Algunas composiciones de las portadas de Vañó me parecen realmente bonitas, con sus primeros planos de los malvados rodeando una escena de acción repleta de figurantes trabados en frenética lucha. En cuanto a los argumentos de los tebeos, recuerdo haber encontrado más de una vez en el Roberto de la semana un episodio que se parecía extrañamente a la película que nos habían puesto los salesianos en el cine de la catequesis del domingo ("El monstruo de los tiempos remotos", "La torre de los siete jorobados", "Ultimátum a la Tierra", alguna de vaqueros…).

     La rotulación manual es una seña de identidad de Roberto Alcázar y Pedrín. Si algo puede decirse a favor de esta colección es que mantuvo un rotulado claro, legible y característico durante sus tres décadas de existencia, algo a lo que no nos tenían demasiado acostumbrados las editoriales españolas y que era muy de agradecer.

     Se ha censurado la agresividad (sadismo se ha dicho) de Pedrín, el racismo y el desprecio hacia los negros, los chinos, los indios y en general cuantos no occidentales se cruzaban con nuestros héroes. Todo ello puede ser cierto, no cabe duda (¡sí, y también que Roberto fumaba!), pero creo que hay que intentar ver las cosas en su contexto. No trato de justificar ninguno de esas indudables lunares, sino de entender que la mentalidad general avanza paso a paso, y a mediados del siglo pasado faltaba mucho para salir del belicoso espíritu que una guerra civil y dos mundiales habían inculcado no sólo en España, sino en todo el mundo. Hoy, en este tiempo feliz y democrático en el que vivimos, cuando es impensable algo de ese tipo, nos parece increíble, pero entonces era normal que las películas terminaran con la muerte del malo a manos del chico, y eso era lo que el público quería. Cualquier película del Oeste era un canto a la venganza, llena de peleas, sangre y odio, y por desgracia, la fotografía real, sin ordenador, resultaba mucho más sanguinaria que todos los modernos efectos especiales y el sensorround que se le pueda echar hoy encima. ¡Pero si incluso el primer episodio de Barrio Sésamo! va a editarse y ponerse a la venta… sólo para mayores de 16 años! Al parecer, lo que en los años sesenta era especialmente adecuado para educar a los niños es ahora peligroso para ellos.

     Vamos a revisar ahora un episodio correspondiente a un momento más interesante de la serie, cuando los cuadernos pasaron a tener sólo diez páginas más las dos de cubiertas (al principio eran dieciséis páginas más dos de cubiertas con las interiores en blanco). Nuestros héroes ya habían derrotado a la banda de Svimtus en la larga aventura seriada del Hombre Diabólico, que constituyó un largo episodio especial de la colección, y durante algún tiempo las aventuras ocuparon más de un cuaderno.

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     Emocionante, ¿verdad? Siempre he pensado que el "continuará", el folletín, el serial, es el género popular por excelencia, y Roberto Alcázar y Pedrín fue durante algunos años un buen ejemplo de ello. Durante algunos años las aventuras de nuestros intrépidos detectives españoles se prolongaron por más de un cuadernillo, a raíz de la larga lucha contra Svimtus y sus secuaces, que abarcó veintisiete ejemplares. Los dos episodios que siguieron al del Hombre Diabólico constaron de cuatro cuadernillos cada uno, y en mi opinión son los mejor escritos de toda la colección, con más atención a los personajes secundarios y mas cuidado al detalle. En seguida la serie volvió a los episodios de dos cuadernos y por fin a los tebeos autoconclusivos, cada vez más simples y descuidados.

     Sin más, veamos cómo nuestros héroes culminan otra aventura más, una de las más interesantes…

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