¡Locuras! / ‘Mad’ en español / I

Locuras#1_01p El de 1975 fue un año que trajo más de una alegría para muchos españoles. Para mí empezó con una muy grande en el mundo de los tebeos. En realidad, fue en el mes de diciembre del año anterior cuando apareció en los quioscos el número 1 de la revista a la que hoy quiero referirme, aunque en su portada aparecía la fecha de enero de 1975, aunque quizá podamos fiarnos de eso tanto como del increíble precio de 30,10 pesetas… pero, claro, Mad llegaba a España, y no podía hacerlo como si fuera una publicación cualquiera. La versión española se llamó Locuras, y desde el primer número volcó sobre el entonces politizado público carpetovetónLocuras_Jaffee-Coker-1pico un raudal de sana y desvergonzada alegría que abarcaba desde el descacharrante Don Martin al filosófico George Hart, desde el genial Al Jaffee al ínclito Sergio Aragonés, con una pleyade de maestros del mejor buen humor americano, que venía dispuesto a acercar la medieval sociedad española al siglo XX por la autopista de la inteligencia. Cualquier español medianamente realista hubiera podido predecir cuál sería el  resultado de aquella bienintencionada experiencia: Locuras duró exactamente medio año, durante el cual intentó sobrevivir en una España que asistía a las convulsiones del fin de una época negra y sombría entre interrogantes y esperanzas, pero quizá con poco tiempo para atender a un sentido del humor que entonces nos pillaba algo lejano.
     Repasar ahora aquellos seis ejemplares nos deja en el paladar el regusto amargo de lo que pudo haber sido. En este país que tantos maravillosos humoristas produce por metro cuadrado, no hubo espacio para Mad en castellano (teníamos que conformarnos con intentar entender la edición en inglés, sin tener idea del idioma, y sabiendo que el humor no siempre es traducible).
     Intentaré espigar aquí algunos ejemplos de lo que fueron aquellos seis maravillosos ejemplares. Para empezar, aquí a la derecha tenemos una muestra de cómo se las gastaba Jaffee. La truculencia no era un arma que necesitara para crear un humor realmente brutal. Me temo que a Daryl Hannah, en Splash!, le costaría bastante entender la gracia de este chiste. Tengo que reconocer que la abuelita que dibujó Paul Coker me recuerda a las mías, las dos gallegas y ambas buenas cocineras. Como siempre, pulsad sobre las imágenes para verlas en un tamaño algo mayor.
       Este otro gag de Jaffee de aquí abajo tampoco necesita palabras: su eficacia visual es absoluta, y su elegancia reside en su simplicidad. A veces uno se pregunta si algunos edificios reales no serán el resultado de alguna situación como ésta.

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Locuras_Martin-1_3p      Uno de mis humoristas gráficos preferidos es sin lugar a dudas Don Martin. Su inimitable dibujo es la herramienta perfecta para desarrollar unas tramas inenarrablemente divertidas. Un viaje en la montaña rusa, el traslado de una caja fuerte, el intento de suicidio de un pobre hombre, un viaje en un descapotable por una de aquellas polvorientas carreteras del Medio Oeste norteamericano, cualquier tema que se le ocurra se convierte en una interminable serie de sorpresas que el lector contempla incrédulo hasta llegar al desenlace más inesperado tras mil y una peripecias increíbles. Estos ejemplos de una o dos páginas sirven tan sólo para abrir boca, pero las mejores historias de Martin ocupan cuarenta o más páginas con un solo tema estirado como una goma de mascar, sometiendo a sus personajes a situaciones de un sadismo insoportable. El sufrimiento de un pobre viandante al que le aterriza una caja de caudales en la cabeza provocando que su lengua se extienda desde su boca hasta atravesar la calle, siendo pisoteada por un desfile militar, tanques incluidos, es un espectáculo que resulta doloroso incluso para el lector. Espero traer al blog más ejemplos del trabajo de este maestro del arte de hacernos gozar del mal ajeno. Su teoría de la invención de la música puede no ser demasiado científica, pero no deja de ser muy factible… por lo menos en cuanto a la reacción de los oyentes.

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     Locuras heredó de su madre americana algunas series que marcaron época. Si Halcón y Paloma , otro producto de la fértil mente de Al Jaffee, puede resultar hoy algo pasada de moda, no puede decirse que sea inoportuna, por cierto, tal como está el mundo (si bien no estoy muy seguro de que el símbolo pacifista sea reconocido por la juventud actual).
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      La idea central de Espía contra espía parece la caricatura de la que forma el hilo conductor de Los duelistas, la novela de Joseph Conrad que Ridley Scott convirtió en su debut como director. Las aventuras de los dos encarnizados agentes enemigos que se acosan permanentemente a través de las páginas de la serie de Antonio Prohías recuerdan la implacable persecución del Correcaminos por el Coyote. Convertir en fosfatina a uno u otro de los ensombrerados adversarios por medio de los más maquiavélicos trucos es la labor a la que dedicó su retorcida mente el dibujante cubano (Cienfuegos, 1921-Miami, 1998) durante cientos de números de Mad, mostrando un sorprendente ingenio del que estas dos páginas son un buen ejemplo.

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     Como despedida por hoy vamos a disfrutar con una de las desopilantes parodias de series televisivas que fueron plato fuerte en Mad y que Locuras heredó. He escogido la “versión” de Kung Fu, como homenaje al recientemente fallecido David Carradine. El dibujo es de Angelo Torres, y el guión de Dick de Bartolo. No tengo referencias de Bartolo, pero Torres es uno de los más reconocidos artistas de la EC, junto a Roy Krenkel, Al Williamson o Frank Frazetta. Todos ellos se cuentan entre los dibujantes preferidos por casi todos los profesionales a quienes conozco, y desde luego, yo comparto la admiración aunque mi opinión sea intrascendente.

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