8 de diciembre… / La muerte de un sueño

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Beatles_MMT-George-p Los años sesenta llegaron con un soplo de optimismo. Había tantos problemas, tantos peligros, tanta miseria como en cualquier otro momento de la historia, pero la gente joven empezó a sacudirse de encima la gris pesadumbre de los años de la posguerra, tras casi medio siglo de sufrimientos. Y su voz llegó envuelta en música. Las guitarras, las armónicas y las baterías dinamitaron el silencio aplastante de muchos años oscuros. Nos preocupamos de nuestro aspecto, dejamos crecer nuestras melenas, más como un grito de desafío que como un alarde estético. La ropa también cambió, quisimos diferenciarnos de las generaciones anteriores, exigir un lugar para nosotros, y casi todo ello un poco inconscientes de lo que de verdad había en el fondo de todo aquello.
       En la década anterior habían surgido en América, ¿dónde si no?, movimientos de rebeldía, que fueron los que dieron nacimiento a todo, con el rock and roll, heredero de los ritmos afroamericanos de los hijos de los esclavos, poniendo fondo sonoro a aquella erupción de energía juvenil, pero para mi generación faltaba algo de tiempo y un impulso más cercano, y por fin llegó (después de los intentos nacionales de pioneros entre los que ocupan un destacado lugar grupos luego tan poco valorados desde este punto de vista como el Dúo Dinámico, el más perspicaz y triunfador), cuando en el brumoso Reino Unido nació un movimiento musical, pero no tan sólo musical, que empezó a enviarnos sonidos “nuestros”, cosas que nunca podrían gustar a nuestros mayores. Y así nos enamoramos de las características guitarras de los Shadows, les admiramos como acompañantes de Cliff Richards, y nos preparamos para lo que había de venir.     
      Beatles_Old_times good Y llegó. El primer compás de “Twist and shout” fue para mí la señal de que había llegado una nueva época. Y luego siguieronBeatles_MMT-Portada-p manando uno tras otro los himnos de nuestra juventud: “She loves you”, “Please please me”, “I want to hold your hand”, “Can’t buy me love”, “Help!”… John, Paul, George y Ringo, The Beatles, nos descubrieron algo de nosotros mismos con cada una de sus canciones, fue mucho más  que un grupo musical, fue la señal que esperábamos, y durante el tiempo que cruzaron el firmamento como una estrella fugaz, todo fue posible. Fue la década prodigiosa, y lo fue porque creíamos en nosotros mismos. Los conjuntos nacían como la espuma, cientos de bandas maravillosas, música feliz.
     Hubo mucho de ilusión, de sueño, de inocencia. Quizá. Pero ya quisiéramos poder mantener hoy todavía aquellas sensaciones, ser capaces de todo, aunque fuera una ilusión.
    Pero todo acaba, y el cansancio, la edad, el desencanto fue desinflando aquel globo de euforia, y un mal día los Beatles se separaron. Comenzó entonces un tiempo de imposible esperanza: no había día en que no sonara el rumor: “Se reúnen”, “sólo para grabar”, “no, van a actuar en directo”…
     Hasta el 8 de diciembre de 1980. Ese día acabó todo. John Lennon caía asesinado, y su muerte se llevaba con él algo muy íntimo de todos los que habíamos vivido los años sesenta, la década de los Beatles, y no podíamos creerlo. Hace veintinueve años, y todavía cuesta creerlo. ¡John ha muerto!
     El comic se ha acercado a los Beatles en más de una ocasión. Voy a intentar dejar aquí mi homenaje a John y George, los Beatles Beatles_MMT-John-pque ya nunca volveremos a oír enBeatles_Get back_p directo, y también a sus compañeros Paul y Ringo. Para ello he buscado una historia de Dick Matena, un dibujante y guionista holandés que ofrece una entrega cuando menos inquietante. No estoy muy seguro de estar de acuerdo con su tesis, pero me ha parecido curioso.
     Para compensar, he revisado el doble EP de “Mágical Mystery Tour”, cuya carpeta contenía un cuadernillo con fotografías y la adaptación en historieta de la alocada película para televisión que los Beatles rodaron en 1967. Las imágenes que acompañan este texto proceden de aquel disco, excepto la carpeta del single de Get back, con su florido estilo hippy. Desgraciadamente, el comic no tiene traducción en castellano: si sois tan negados para el idioma de Shakespeare como yo mismo, lo lamento, pero os tendréis que conformar con disfrutar de los divertidos dibujos de Bob Gibson. Para leer la historia, pedídselo, por favor a los magos Paul, John, Ringo y George. No os olvidéis del End, que en este caso no puede ser Happy
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Dick Matena juega con los títulos de las canciones y la carrera de los Beatles para crear una historia desasosegante que llega a conclusiones, como poco, discutibles, y desde el punto de vista de un entusiasta de los músicos de Liverpool como yo, impensables. Quizá el máximo valor del arte sea el poner en cuestión nuestras más firmes convicciones y evitar el anquilosamiento de nuestro cerebro. Pero para quien sintió la llamada y vivió la experiencia que supusieron los años sesenta hay cosas que no tienen discusión, y los Beatles son una de ellas.

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George, John, hasta pronto, y gracias por todo.

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