El más británico de los detectives del tebeo español / Sir Tim O’Theo, de Raf

Existen mejores y peores dibujantes de historietas, algunos grandes artistas cuyas viñetas no desmerecen junto a la obra de artistas consagrados y otros que se limitan a manchar el papel con las líneas y las manchas más imperfectas, pero unos y otros necesitan, para poder ser considerados autores, ser buenos contadores de historias.
     Contar una historia con dibujos no es nada fácil. No me refiero a escribir un guión, eso es tarea del guionista, sino a saber interpretarlo con el lápiz, el pincel o la pluma, a hacer que un relato, lo escriba el mismo dibujante, se adapte de una obra literaria, teatral o cinematográfica o sea obra de un profesional diferente al artista que lo va a llevar a la página, salte desde el papel a la mente del lector y lo lleve por el camino que el autor ha determinado, le haga vibrar cuando lo crea necesario, le suspenda, le aterre, le admire o le emocione.
     En España contamos con una pléyade de grandes dibujantes, y entre ellos abundan los grandes narradores: Freixas, Blasco, Ambrós, Darnís, Hidalgo, Giner, Gago, Bermejo, Quesada, Vañó, Font, Giménez…
     Parecería que al hablar de narradores de historias siempre pensamos en dibujantes de tebeos “serios”. ¿Significa eso que la historieta humorística no exige saber contar? Al contrario, el tebeo cómico es un campo aún más difícil para un narrador, contra lo que pueda parecer. Una buena historia cómica tiene unas exigencias narrativas y rítmicas más acusadas aún que otra de acción.
     Los autores de los tebeos “de risa” se cuentan entre los más ricos narradores: Gabi, Vázquez, Ibáñez, Conti, Cifré, Sanchís, Karpa, Urda, Benejam, Jorge, Estivill, Peñarroya, Escobar, Enrich (la lista podría prolongarse indefinidamente sin salir de los tebeos de mi infancia) muestran en sus páginas un dominio del arte de la narración que sólo un estudio detenido podría desentrañar. Entre todos ellos quiero fijar mi atención en uno de mis favoritos: Raf.
     Joan Rafart Roldán, Raf, nacido en Barcelona en 1928, fue un artista completo, guionista y dibujante, que tras un corto comienzo como autor “serio”, pasó pronto a dedicar todo su talento al campo humorístico, donde desarrolló una carrera prolongada y abundante. No soy el más indicado para hacer una crítica técnica de su dibujo. Como de costumbre, me limitaré a mi mejor argumento: sus dibujos siempre me gustaron, sus historias son divertidas y (lo que intento destacar hoy) la forma de contarlas es un prodigio de exactitud, una maravilla de observación y de recursos culturales bien aprovechados.
     Mi primera relación con el arte de Raf se remonta a La Risa. En aquella revista encontré por primera vez también la firma de quien después sería el dibujante más productivo de toda la industria del tebeo español, Francisco Ibáñez, que empezaba a rellenar sus divertidas páginas de chistes con un tema unitario tan características de su estilo primerizo. Junto a él, en La Risa encontré las políticamente incorrectas páginas de Levy Berzotas, un avariento judío adornado con todas las tachas que el racismo y la incultura volcaban sobre su raza; con Cantinflas, el famoso personaje basado en el actor mejicano; con Loquito Tontuelo (otro personaje alienado de los que abundaron en aquella época, junto a Carioco o Nicrostato Mochales)  y con Sherlock Gómez, afortunada parodia del héroe de Conan Doyle y primera aproximación al terreno que luego abordaría en profundidad con el héroe de nuestra aventura de hoy.
     En Yumbo y en alguna otra revista de aquellos años, como Paseo Infantil, también apareció la firma de Raf, aunque sus personajes no han dejado una huella tan marcada en mi memoria. Después llegó Bruguera, y lo demás ya es historia: Doña Lío Portapartes, Doña Paca Cotíllez, Campeonio, Rebrútez, Don Pelmazo, Doña Tecla Bisturín, Flash el Fotógrafo y, especialmente, la que para mí es su obra redonda, Sir Tim O’Theo.
     El episodio que propongo apareció en Super Tío Vivo. En él se puede comprobar el empleo por parte de Raf de todos los elementos que una historia detectivesca británica acostumbra ofrecer al lector: el detective, el mayordomo, la policía, el fantasma del castillo, los sospechosos, el pub, todo ello visto desde la óptica de la caricatura, siempre afable y bienhumorada. Leer este episodio por sí mismo es un placer. Leerlo como se leía cuando estaba “vivo”, cuando cada semana traía su entrega, era como sentir que la vida transcurría como era debido, que las cosas estaban donde deberían estar, y que Sir Tim O’Theo siempre estaría ahí para arreglarlo todo en la última viñeta… aunque nunca tuviera razón y siempre fuera el bueno de Patson el que tuviera que sacarle las castañas del fuego.

     Aquí está, por fin, Sir Tim O’Theo, en el episodio titulado La Verruga de Sivah.

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Una respuesta a El más británico de los detectives del tebeo español / Sir Tim O’Theo, de Raf

  1. juanjo dijo:

    "era como sentir que la vida transcurría como era debido, que las cosas estaban donde deberían estar"gracias por esta frase.

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