Las muy congruentes crónicas de Miguelanxo Prado

M.A.Prado_1984p M.A.Prado_foto-p Faltaba apenas un año para que las profecías de George Orwell quedaran confirmadas o desmentidas por la realidad cuando en la revista que adoptó como título el de la famosa antiutopía del escritor británico conocimos a un narrador que no se parecía a ningún otro, gallego en el sentido menos peyorativo del término (con licencia de doña Rosa Díez), Miguelanxo Prado, ese chaval barbudo de la foto, publicada en el número 51 de 1984 acompañando una entrevista, que podréis leer si pulsáis sobre la imagen, en la que se las arreglaba para contestar de manera inteligente a las típicas preguntas de compromiso.
     Aquellas historias se reunían bajo una etiqueta insólita, “Fragmentos de la Enciclopedia Délfica”, pero el lector no tardaba en descubrir que aquella enciclopedia no nos iba a enseñar gran cosa sobre los mundos feéricos tan de moda tras el éxito de las mitologías de Tolkien y sus herederos. Desde la primera narración, aparecida en marzo de 1983 en el número 50 de la revista, cada episodio era una pincelada de vida que, con el disfraz de la ciencia ficción, nos hablaba de la realidad, de los seres humanos que nos rodeaban, de nosotros mismos.
     Con los años, los trabajos de Miguelanxo fueron sucediéndose, pasando por varias publicaciones y editoriales, y en cada uno de ellos mantuvo su independencia de modas y estilos, su personalidad inconfundible y su capacidad de sorprender al lector haciéndole enfrentarse a la lectura con una actitud abierta, expectante, siempre dispuesto a encontrar algo diferente a lo que cualquier otro autor le pudiera ofrecer.
     Por eso pienso que, en contra del título de la serie que realizó para otra de las revistas de Josep Toutain, sus relatos son las crónicas más congruentes que podemos encontrar para entender la sociedad del final del siglo XX y el principio del XXI.

     La mejor manera de hacerse una idea sobre un autor es leyendo su obra (y en el caso de un dibujante, admirando su arte). Para empezar, aquí está un ejemplo de los primeros tiempos de Miguelanxo Prado: “Bienvenida”, el segundo ”fragmento” de la Enciclopedia Délfica.

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     Miguelanxo cambió la ciencia ficción por una mirada a la realidad más a ras de tierra, con historias aparentemente intrascendentes a veces, más profundas otras, sorprendentes siempre. Como ejemplo he escogido la cuarta entrega de las “Crónicas incongruentes”.

     Esta serie la dibujó el artista gallego en 1986 con destino a la revista Comix Internacional. En aquellos tiempos, la represión de los idiomas vernáculos hacía ya más de una década que oficialmente había terminado, pero si nos fijamos, bajo los claramente distinguibles rasgos del nombre autóctono del autor, el editor, impertérrito, mantuvo el castellano “Miguel Ángel”, como si no hubiera pasado por fin la longa noite de pedra. Sin embargo, abundaban ya los Josep Maria, los Enric, los Iker y los Josebas… Quizá el gallego, peyorativamente hablando, no había merecido aún el estatuto de idioma democrático (?).

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